Nocturno en soledad

Un corazón hecho a la calma de la noche no se ablanda a la soledad. La construye, la rehace, moldea sus imperfecciones con la certeza de un niño recién nacido. Sin desespero, sin angustia emocional, metódicamente.
El espíritu termina por ser una roca sin alma ni resguardo. El tiempo se confunde con el tiempo y el silencio sigue sin parecerse a nadie. Todo se acomoda a la melancolía, a la desazón de la tristeza y el abandono. Sin lágrimas, sin desgarramientos.
La costumbre termina por ser un animal domesticado ajeno al dolor o la osadía; un muro que derrota hasta las propias reflexiones.

Yanet Jiménez Rojas

Escribe un comentario