Llegará el día en que finalmente caigan los muros. La ciudad dejará de resistir, vencida por el cansancio, por el hambre y el tedio. De nada valdrán los viejos discursos, las consignas repetidas hasta el hartazgo, el saber que la patria le reserva un lugar especial a los héroes, a los que resisten y mueren por ella.
¿De qué servirá la sangre derramada si la ciudad desaparece, destruida hasta los cimientos y consumida por el fuego; si los sobrevivientes desaparecen también, desperdigados por el mundo, vendidos como esclavos en países lejanos?
¿Qué será de nuestros padres, demasiado viejos para pelear o para huir; qué dirán nuestros hijos, siempre dados a cuestionar nuestras decisiones, por no haber elegido el camino del exilio?
¿Quién conservará nuestras imágenes, nuestros libros, la sagrada memoria de nuestros ancestros?
¿Quién quedará para dar fe de nosotros, ahora que los vencedores se aprestan a rescribir nuestra historia?

ordennegro dijo:
Septiembre 17, 2008 a 12:17 pm
si no supiera que vives donde vives, otro sentido hubiese sentido…
Un abrazo
Noel García Guimeras dijo:
Septiembre 17, 2008 a 1:53 pm
es una visión un tanto trágica del asunto, jeje… pero bueno, estamos hablando de cartago, no?
Cristina dijo:
Septiembre 25, 2008 a 11:25 pm
jajajaja, pillín
daniel dijo:
Junio 29, 2009 a 9:09 pm
Noel, esto es verdaderamente bueno, en mi opinion. La sencillez con que asume su tragedia, es bellisima. Hay una angustia incluso mayor, que no se por qué me suena por debajo del narrador, y es que eso tan terrible es tambien “pura repeticion”…
nos vemos