El camino de Varennes


Ahí se van, sin despedirse siquiera, en el carruaje del rey, todas las ilusiones y los sueños; haciendo bulto entre los bultos, incomodando al cochero en el pescante, tratando de ganarse un espacio en el asiento junto a los monarcas, molestando al lacayo que intenta echarlos a patadas, que se bajen, que sigan a pie, que los coja la noche en medio del camino, hambrientos y llenos de polvo. Y muy a tiempo lo hacen, como si ya supieran que un poco más adelante, allá en Varennes-en-Argonne, el carruaje será detenido y los reyes devueltos a la capital. Pero ellos, más afortunados, aprovechan la confusión para seguir camino sin ser vistos y logran cruzar la frontera.
Es el fin. Nos han abandonado. Se han ido para siempre.
Y ahora, qué hacer con esta patria, tan escasa de patriotas, tan llena de exiliados…

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