Enseñanzas del Tao

…ella me dijo que alguna vez leyó que había dicho Lao Tse, ese que fue niño, viejo y sabio al mismo tiempo, que el mayor don es el poder de seguir el camino en soledad…

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Los males del corazón

He oído esta noche en el noticiero de la televisión que la principal causa de muerte en Cuba son “los males del corazón”. Y no tengo intenciones de poner en duda tal afirmación, ni contradecir unas estadísticas que sospecho deben ser verídicas, ya que no tendría sentido manipularlas, ni a nadie le beneficiaría.
Quiero pensar que están en lo cierto; que quizás todos estamos muriendo poco a poco de soledad, de tristeza, de olvido.

El lugar del intelectual

Guillermo Rodriguez Rivera

He visto día tras día a Guillermo Rodríguez Rivera, con su cabellera blanca y su andar pesado de paquidermo viejo, haciendo la cola del comedor universitario José Machado; y después, con la cuchara de calamina en una mano y la bandeja en la otra, ir a sentarse él solo a una mesa a comer el nada apetecible almuerzo: el arroz, los garbanzos, el picadillo de soja extendido con col, el pan soporífero que cae en el estómago como una piedra y que convierte al hecho de subir la loma de regreso a la Universidad en una caminata lúgubre bajo el sol.
No se si admirarme, o si sentir lástima por el viejo profesor y poeta que va al mismo comedor de todos, lleno de tías gritonas, de cocineros ladrones y alumnos irreverentes. Quizás muchos de ellos pasen por su lado sin conocerlo, tropiecen con él, que es torpe al andar, le dirijan alguna palabrota por estar metido en el medio. Quizás alguno lo reconozca, como yo, y se pregunte qué hace en ese comedor de los mil demonios un escritor reconocido como él.
He llegado a pensar que tal vez la gloria de un intelectual no sea mayor que la de un albañil, un plomero, un matarife.