La lentitud


1. Se dice que todas aquellas cosas que buscamos y no logramos encontrar, andan también vagando por algún lugar del mundo, buscándonos a nosotros; y que sólo si permanecemos quietos durante un tiempo, ellas lograrán hallarnos.

2. Si, siguiendo esta teoría, nos quedásemos quietos en cada ocasión que quisiéramos recuperar las cosas que echamos de menos, el resultado sería una suma de quietudes que acabarían por producir lo que se suele llamar un estado de lentitud.

3. Si, además, aquello que buscamos y que a la vez nos busca, entra en estado de lentitud a la par que nosotros, terminaríamos por no encontrarnos nunca, o por encontrarnos demasiado tarde, o por encontrarnos cuando ya no sirve de nada.

4. Los principales críticos de esta teoría alegan que en ningún lugar se describe cuándo es el momento justo para dejar de buscar y mantenernos quietos; asimismo tampoco nos dice cuándo debemos abandonar el estado de quietud y continuar la búsqueda.

5. Algunos teóricos revolucionarios trabajan sin descanso en el desarrollo de una teoría del movimiento, en contraposición a la teoría de la lentitud; otros revisionistas buscan la forma de tapar las brechas de la teoría de la lentitud sin acudir a cambios demasiado radicales.

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1 comentario

  1. patrycuba said,

    abril 25, 2013 a 10:04 am

    “No te quedes inmóvil al borde del camino….
    ….no te salves”

    “La noche y la quietud”

    La noche se despierta,
    Van y vienen sus pestañas.
    Sus negrísimas cejas compiten con el arcoiris.
    Se acicala la noche, coqueta y delicada;
    Apresura sus pasos para que el día no se le adelante.
    Asustada, la noche corre. . . CORRE¡
    Ha dejado por siempre el fiel caparazón de virgen hechizada.
    Ahora sólo puede pensar,
    En delirar imperios para magnificar su historia.
    La noche grita loca: – ¡hoy necesito un nuevo corazón¡-
    Se le ha quedado hueco el sentimiento, y vacío el consuelo.
    La noche se desviste,
    Ha intentado buscar nuevos colores para su fausto velo,
    Mas no le sirve el verde (demasiada esperanza),
    Ni el rojo (pasión exagerada),
    Ni el azul (búsqueda de lo triste que no se extingue nunca)
    Mucho menos encuentra algún sosiego con la propuesta blanca
    -ella tampoco es demasiado pura-

    La noche vuelve a meditar,
    Ahora pregunta a sus sentidos con cuál de sus dos pies
    Comenzará a marcar la diferencia entre aquel y este sitio.
    Y luego-incertidumbre al fin- indecisa decide sus zapatos
    (y algunas de las brisas que lucirá esta tarde)

    La noche empieza a andar,
    Ha decidido que ya no importa nada: se acabó la quietud.
    La noche ha decidido que este es el día para empezar a amar al Sol


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