Aladino

Apareció, como suelen aparecer, después de frotar una vieja lámpara que encontré tirada en un basurero. Era de aire, una especie de ensoñación que flotaba en medio de mi cuarto, con el pelo negro y rizado que le cubría toda la espalda. No era bella. O quizá sí lo era, pero a su manera. Sólo tienes un deseo, me dijo, pide lo que quieras y te será concedido en el acto. Quiero tus ojos verdes, alcancé a murmurar sin poder dejar de mirarla.
Al final desapareció, la nube que flotaba en mi cuarto se perdió por el fino agujero de la lámpara de aceite. Me llenó de oro las habitaciones, convirtió mi casa en un palacio con sirvientes, una piscina, y tres autos nuevos, y hasta un tenedor de bienes que debería administrar mi fortuna por los tiempos de los tiempos; todo eso a cambio de llevarse consigo sus ojos verdes.
Después de esa noche no he vuelto a dormir con tranquilidad. Por el día, me dedico a cambiar lámparas viejas por nuevas.

Anuncios