Final del período especial

No acabo de salir de la casa, cuando noto que en la esquina se ha levantado una algarabía. Me llego hasta allá a ver qué ocurre, y me entero de que en la radio han anunciado el final del Período Especial. Extrañamente, la gente no está alegre: unos camioneros se niegan a dar crédito a la noticia, y dicen que es imposible que el Período Especial pueda acabar de un día para otro. Junto a ellos aparecen los revendedores, los almaceneros, panaderos y bodegueros, y todos coinciden en que es una locura pretender que todo pueda terminar así como así.
Mucha gente se acerca a la discusión, y hay quienes tratan de demostrar las ventajas del fin del Período Especial. Comienzan a anticipar, por ejemplo, la caída de los precios, lo cual hace que más de uno se lleve las manos a la cabeza. De pronto, los zapateros la emprenden a botazos contra los que hablan, los carpinteros los golpean con sus martillos, los albañiles los cubren con un baño de mezcla recién acabada de hacer. Mientras los seguidores del fin del Período Especial se retiran ante el inesperado ataque, un camionero se alza sobre el capó de su camión e insta a comenzar una gran marcha por toda la ciudad, protestando contra tan cruel medida.
Los administradores y los gerentes de las empresas ven la marcha pasar frente a sus establecimientos. Muchos comienzan a sacar cuentas, y al no darles, deciden suspender el trabajo y sumarse a la manifestación. Los protestantes comienzan a llenar las calles principales de la ciudad. La policía, a tiempo advertida, se disfraza adecuadamente y se infiltra entre los manifestantes, a los que trata de dispersar usando métodos poco convencionales. Sin embargo, el hecho de estar disfrazados los confunde con el resto de las personas. Pronto los palos y las cabillas caen al suelo, y los policías terminan dejándose llevar por la multitud. A estas alturas la marcha ya ha paralizado toda la ciudad y se dirige a la sede del Gobierno, para reclamar la continuación del Período Especial.
Al fin, los gobernantes y sus asesores salen de la sala de reuniones, observan al pueblo agitado bajo las banderas y pancartas, coreando consignas a voz en cuello, y recuerdan que ellos están allí, precisamente, para cumplir la voluntad de las masas. Esa misma tarde la radio rectifica la noticia: el anuncio del fin del Período Especial ha sido un error, una patraña urdida por elementos al servicio del enemigo para desestabilizar a la nación, y otros argumentos más que con el tiempo he ido olvidando…

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