Virtuoso

Libre de mí voy muriendo en todos. Dejándome morir en todos para no vivir en mí; quiero morir la muerte de otros, salir a vestir mi sed de palabra, de ataúdes, de rosas blancas.
Todo para ver la luz que me ha sido negada por los aplausos, la suerte infatua del nunca pierde, la creencia absurda de que mi camino es una senda de virtudes.

Yanet Jiménez Rojas

El otro

Nosotros, los sobrevivientes,
¿a quiénes debemos la sobrevida?
¿quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿sobre qué muerto estoy yo vivo,
sus huesos quedando en los míos,
los ojos que le arrancaron, viendo
por la mirada de mi cara,
y la mano que no es su mano,
que no es ya tampoco la mía,
escribiendo palabras rotas
donde él no está, en la sobrevida?

Roberto Fernández Retamar
El otro

What can I hold you with?

¿Con qué te puedo retener?
Te dejo las magras calles, los atardeceres desesperados, la luna de los ásperos suburbios.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.
Te ofrezco a mis ancestros, a mis muertos, los fantasmas que otros hombres vivos honraron en mármol: el padre de mi padre asesinado en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesando sus pulmones, barbado y muerto, envuelto por sus soldados en un cuero de vaca; el abuelo de mi madre –con sólo veinticuatro años- dirigiendo una carga de trescientos hombres en el Perú, ahora todos ellos fantasmas sobre borrosos caballos.
Te ofrezco cualquier cosa que en mis libros se pueda guardar, cualquier acto de valentía o alegría de mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco esa esencia de mí mismo que, de alguna forma, he salvado –esa que no comercia con palabras, ni trafica con sueños, y que permanece intacta ante el tiempo, las alegrías, las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista en un atardecer, años antes de que tú hubieras nacido.
Te ofrezco explicaciones sobre ti, teorías sobre ti, auténticas y sorprendentes noticias de sobre ti.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; estoy tratando de sobornarte con incertidumbres, con peligros, con derrotas.

Jorge Luis Borges
¿Con qué te puedo retener?

La traducción es mía. En la primera edición de Casa de las Américas de las “Obras escogidas” de Jorge Luis Borges, aparece una traducción de Roberto Fernández Retamar. En ella incurre en errores como cambiar el mármol por el bronce, además de algunas frases traducidas al pie de la letra de forma infame, como aquella de “ese corazón central…”. Lo cual no significa que la mía sea una belleza, ni que no abunden los puntos de coincidencia entre ambas.

Un poema de Dulce María

La criatura de isla paréceme,
no sé por qué, una criatura distinta.
Más leve, más sutil, más sensitiva.
Si es flor, no la sujeta la raíz;
si es pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento;
si es niño, juega a veces con un petrel, con una nube…
La criatura de isla trasciende siempre al mar que la rodea
y al que no la rodea.
Va al mar, viene del mar
y mares pequeñitos se amansan en su pecho,
duermen a su calor como palomas.
Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir volando…
Ella es toda de aire y de agua fina.
Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos,
la traspasa en cada ola,
y una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura,
le estremece la yema de las alas…
Tierra Firme llamaban los antiguos a todo lo que no fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme, lo menos tierra de la Tierra.

Dulce María Loynaz
Poema CI (Poemas sin Nombre)

Una de Bukowski

He encontrado en el blog Sotavento (sólo porque se puede) un poema de Charles Bukowski que reproduzco acá. La imagen la he tomado del blog Sotavento, y la traducción al español es mía (para no perder la costumbre).

Charles Bukowski

las chicas de la secundaria

las chicas acostumbraban a decirme: “¡eres tan
negativo!”
lo decían de una forma definitiva y
esto parecía
satisfacerlas.
(los chicos no me decían nada porque
sabían que se los podía
devolver.)
pero las chicas eran muy superiores
diciendo, “¡eres tan
negativo!”
esto las hacía sentirse intelectuales, o,
al menos, inteligentes.
ya se habían formado sus ideas
acerca de qué era la vida
y de qué debería ser la vida
y de cómo uno debería actuar
bajo esas
condiciones.

esto me venía bien, yo no quería estar
cerca de ellas, no quería tirármelas ni
casarme con ellas ni
mucho menos tener una cita con ellas.
ninguna de ellas me parecía
hermosa.

ahora, más de 45 años después
me he dado cuenta de que casi todo el mundo es
negativo
y yo soy positivo
y todavía estoy contento de no haberme tirado, ni casado o
tenido una cita con alguna de aquellas.
ellas, y todos los de su generación, se han
convertido por mucho en gente
triste, irritada y
psicótica.

supongo que ellos comenzaron siendo
positivos
tan temprano
que lo gastaron por
completo
y este es el fin de su
historia.